Tras la pandemia se requiere una nueva cultura de seguridad y salud en el trabajo


Hace poco más de dos años la llegada de la pandemia tuvo un efecto devastador sobre el mundo del trabajo en América Latina y el Caribe, donde la emergencia sanitaria y las medidas para evitar contagios, hospitalizaciones y fallecimientos también influyeron en un fuerte aumento de desocupación, inactividad y cierre de empresas.


“El lugar de trabajo ya nunca será el mismo, la pandemia ha cambiado las reglas de juego”, recordó la Directora Regional (a.i.) de OIT para América Latina y el Caribe, Claudia Coenjaerts. Agregó que “estamos frente a una nueva era de la seguridad y salud laboral, que debe continuar enfrentando accidentes y enfermedades ocupacionales, y ahora además tiene el reto de prevenir el aumento de contagios en un escenario incierto como el actual”.


Este 28 de abril, Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo (SST), la OIT propone enfocarse en la generación de una nueva cultura positiva para potenciar la prevención y mitigación de accidentes y enfermedades laborales que causan la muerte de cerca de 3 millones de personas al año, con especial énfasis en la necesidad de “actuar juntos” a través del diálogo social.


“La pandemia puso en evidencia la importancia de la seguridad y la salud en el trabajo, y al mismo tiempo la forma en que la colaboración y el diálogo social entre trabajadores, empresarios y gobiernos pueden reducir el impacto de los contagios”, destacó Coenjaerts al ser consultada por OIT Noticias por la trascendencia de esta conmemoración del Día Mundial en la región.


“La colaboración mejora la calidad de las medidas y de las políticas porque tanto los empresarios y como los trabajadores conocen las necesidades y realidades en los lugares de trabajo”.


Coenjaerts además recordó que existen desafíos específicos que debe abordar la región para mejorar la seguridad y salud en el trabajo y que para abordarlos será esencial la colaboración entre los interlocutores del mundo del trabajo.


El primero tiene que ver con la informalidad, que afecta a 1 de cada 2 trabajadores, pero que en algunos países incluso supera el 70 por ciento. Durante la pandemia fue evidente que las personas ocupadas en condiciones de informalidad en América Latina y el Caribe tuvieron mayores dificultades para protegerse de los contagios y aplicar las medidas de prevención, por la necesidad de volver a sus ocupaciones y generar ingresos diarios.


Los desequilibrios en materia de infraestructura hospitalaria y de cobertura de vacunas en el caso específico de la COVID-19 dentro de los propios países, o entre las zonas urbanas y rurales, también constituyen desafíos importantes para las estrategias de seguridad y salud en el trabajo, en especial para cumplir el objetivo de llegar a las poblaciones vulnerables.


La falta de cobertura de los sistemas de protección social, que hicieron más vulnerables a las personas trabajadoras pues había millones sin redes de protección ante la pérdida de ingresos y empleos, mientras los sistemas de salud fueron empujados al borde del colapso por el aumento de la demanda.


El teletrabajo y la necesidad de trabajar desde casa durante la pandemia también plantea retos considerables para garantizar unas condiciones de trabajo seguras y saludables, para las que tanto los empleadores como los trabajadores no siempre estaban preparados. Esto incluye aspectos como el derecho a la desconexión, o la disponibilidad de infraestructura adecuada.

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